martes, 27 de octubre de 2015

Celta de Vigo, rozando el cielo desde el infierno.

Año 2003, mientras los medios estaban llenos de noticias con los dos grandes fichajes de ese mercado estival, como eran Ronaldinho y Beckham, para Barcelona y Real Madrid respectivamente, había un equipo del noroeste de España que iniciaba una de las temporadas más ilusionante de su historia, este equipo no era otro que el Real Club Celta de Vigo.

Después de una temporada muy buena del equipo gallego en el curso anterior, el Celta había conseguido una cuarta plaza muy peleada y muy sorprendente, ya que dejó a Valencia y a Barça sin puesto en la Uefa Champions League.

Pero esta cuarta plaza no te daba acceso directo a la fase de grupos directamente, sino que el Celta debía pasar la tercera ronda de fase de clasificación, el sorteo le deparó al Slavia de Praga.

Un equipo con Milosevic y Edu como estrellas y capitaneado por Mostovoi ganó sin problemas con un 3-0 en Balaidos; el Celta viajaba a la capital de la República Checa para disputar un partido que, a priori, era un trámite, pero que se acabó complicando con dos goles en la primera media hora de partido del conjunto checo, pero el equipo gallego supo sufrir y, pese a la expulsión de Mostovoi en el tramo final, consiguió aguantar el resultado llevándose un 3-2 en el global.

¡¡El Celta estaba en Champions!!, por primera vez en su historia iba a disputar la competición por excelencia del fútbol europeo, el sorteo le encuadró en un grupo con varios grandes de la historia de la Champions League, como Milán y Ajax, el otro componente del grupo era el Brujas.

El grupo se fue desarrollando de manera que el Celta de Vigo quedó en segunda posición, por detrás del todopoderoso Milán de Carlo Ancelotti, el cuál solo consiguió un punto más que el equipo gallego, y un habitual de la Champions como el Ajax quedó en el último lugar del grupo con tan solo seis puntos.

Pero me gustaría destacar un partido, que me sorprendió, pero no solo a mi sino a Europa; 9 de diciembre, San Siro, un equipo con grandes estrellas consagradas, como Kaka`, Seedorf o Rui Costa jugaba con un Celta mucho más débil económicamente; empezaba ganando el Milán con un golazo de Kaka` por la escuadra, empató antes del descanso Jesuli con un disparo desde larga distancia que batió a Abbiati y culminó la remontada José Ignacio con un gol desde una distancia muy cercana a la linea de gol, nada pudo hacer el portero italiano.


    



El Celta estaba en octavos, para este cruce el sorteo le asignó como rival al Arsenal de Thierry Henry,
este equipo fue el que sacó del sueño a un humilde equipo gallego que se había clasificado por primera vez para esta competición, ganando por 2-3 en Balaidos en la ida; para la vuelta pusieron mucha ilusión, confiando en la remontada, pero un doblete de uno de los mejores delanteros de la historia, como Thierry Henry, les bajó rápidamente de la nube.

No se acababan aquí las malas noticias para el Celta, ya que el haberse centrado tanto en el sueño de la Champions había descuidado un poco la competición doméstica, tanto que estaba en puestos de peligro, y tras una dinámica muy negativa, que propició a dimisión del que en ese momento era el entrenador, Radomir Antic, dejando el puesto a un técnico interino que nada pudo hacer para evitar el descenso.

Y sí, el fútbol es así, el Celta había convertido la que pudo ser la mejor temporada de su historia en uno de los capítulos más oscuros de la historia del fútbol, demostró lo delgada que es la linea entre el cielo y el infierno en el mundo del fútbol.



jueves, 22 de octubre de 2015

Villarreal, un penalti que pudo cambiar la historia.

¿Alguien se acuerda de este gran Villarreal?

Corría el año 2006, y había un equipo que vestía de amarillo, que jugaba en Castellón, con unos grandes jugadores que en ese momento no tenían tanto nombre, éstos eran Diego Forlán, Sorín, Marcos Senna, Arruabarrena, y uno de los jugadores que más me marcó de pequeño, éste no era otro que Juan Román Riquelme, un argentino nacido en San Fernando, mediapunta y con un guante en el pie.

Y para hablar de éste Villarreal es imposible no acordarse de aquella Champions League, que posteriormente ganó el Barça, en la que sorprendiendo a Europa se clasificaron como primeros con 10 puntos en un grupo en el que estaba el todopoderoso Manchester United, que también sorprendió a Europa pero por razones distintas, ya que quedó en la ultima posición del grupo D.

En las eliminatorias de este torneo superó al Glasgow Rangers en octavos con un 2-2 en Escocia y 1-1 en España y al Inter de Milán en cuartos de final con un 2-1 en la ciudad italiana y un 1-0 en la vuelta, para llegar al partido clave de esa temporada y uno de los mas importantes de la historia de este club.

En las semifinales esperaba el equipo de un jovencísimo Cesc Fàbregas que estaba plagado de estrellas como Thierry Henry o Dennis Bergkamp, un partido en Londres en el que el Villarreal sufrió mucho y que acabó perdiendo con un solitario gol de Touré y se llegó a El Madrigal en un partido con pocas ocasiones, pero en el minuto 88 cayó Jose Mari en el área arrollado por un defensor, el árbitro señaló penalti, y ahí llegó el momento clave.

Riquelme cogió el balón para tirar ese penalti, era la estrella del equipo y un gran lanzador a balón parado, de hecho había anotado todos los penaltis lanzados hasta ese momento en la temporada, puso el balón en la marca de cal del área, cogió distancia, en ese momento no se escuchaba absolutamente nada en todo el estadio.

Lanzó ese penalti hacía la derecha, lo detuvo Lehmann, en aquel momento todos quisimos empujar ese balón rechazado por el portero alemán del Arsenal, todos vimos como Riquelme se quedó inmovilizado en el área en los momentos posteriores a esa pena máxima, pero el fútbol a veces tiene estos momentos de sabor amargo que quedan para la historia.