viernes, 22 de abril de 2016

El fútbol como función social



Hoy, con este artículo quiero dirigirme a todas esas personas que desprestigian este deporte, a todos esos que sin saber nada de él, se atreven a criticarlo. Suelen contestar que la más importante de las secciones es la política.

¿De verdad?, ¿De verdad pensáis que la política está por delante del fútbol en la escala de funciones sociales? Algo que ha provocado todas y cada una de las guerras que este planeta ha visto con sus ojos, todos y cada uno de los conflictos creados en este mundo, algo así no puede estar por delante del fútbol.

¿Saben cuál es el periódico más vendido a diario en España?

No, no es el ABC, tampoco es El País, es Marca, la mayoría de la gente dice que ese es uno de los problemas de este país, que se preocupan demasiado en cosas insignificantes, como el fútbol dicen. ¿No piensan que a lo mejor lo que el hombre de la calle quiere leer o ver no son noticias de guerra, de atentados terroristas, de que el PSOE no quiere pactar con el PP? A lo mejor lo que este mundo quiere ver es algo con lo que distraerse y dejar de pensar un rato en sus problemas.




Dicen que el fútbol, o el deporte en general, no es algo principal en el mundo, pero creo, personalmente que una circunstancia, por extraña que sea, que haga paralizar el mundo con un simple partido, que haga que esos niños que pasan hambre, que esos refugiados que huyen de su hogar por miedo a la situación de su país o esas familias que se quedan en la calle con varias bocas que alimentar puedan pasar al menos dos horas a la semana sin pensar en sus problemas, sin pensar en sus penas y sin pensar en que pasará, solo mirando a 22 personas mientras juegan con un balón.

Creo, personalmente, que algo así no puede ser considerado como secundario. Respeto a todo el mundo que no le guste el fútbol, y obviamente no es la solución a todos los problemas, pero todo lo que sea aliviar las penas del mundo, aunque sea dos horas a la semana, tiene que tener un lugar principal en todas las escalas, ¿no creen?

Ahora salgan a la calle, viajen por el mundo y busquen a esos niños de África que juegan descalzos con un balón fabricado a mano y díganles que el fútbol no es importante; vayan a decirle a esas familias separadas por su pensamiento político que se unen para defender los colores de su equipo que esto no es importante.

Díganselo, a ver que opinan ellos.

Y hasta aquí la opinión del que esperará ser un futuro periodista deportivo, alguien que informe sobre cosas sin importancia para que las personas que más sufren dejen de pensar en sus problemas, pero no se equivoquen, todo eso seguirá siendo secundario.

domingo, 3 de abril de 2016

Algo diferente en la orilla del Manzanares

Lo que hoy he visto en el Vicente Calderón me ha parecido mágico, especial, diferente e impresionante.

Conforme te ibas acercando a los aledaños del estadio ya se olía algo diferente, un ambiente distinto al de otros días.

Dos aficiones hermanadas como las del Betis y el Atleti cantando juntas, uniendo sus gargantas para alzar una misma voz. Rayas verdiblancas y rojiblancas abrazadas para saltar unidas. Bengalas, botes de humo verdes y rojos, y ni un solo insulto entre ellos, más bien todo lo contrario.

Una ambulancia yéndose ovacionada por las dos aficiones, ninguna pelea, ningún insulto, ni un mal gesto por parte de nadie. En parte, como debería ser siempre. Deberían tomar nota todos de esto, como ya he dicho algo diferente.

Y todo esto solo fue en el previo al partido.

Dentro del estadio había un lleno, otro más de muchos. Es muy discutible, pero para mí, dos de las cuatro o cinco mejores aficiones del mundo estaban dentro del mismo estadio.

El partido acabó cinco a uno para el Atleti, pero el fútbol era lo de menos en este momento. Los cánticos con cada gol, con cada robo, con cada cambio eran mucho más fuertes de lo normal.

Acabaron los noventa minutos, los jugadores se fueron a los vestuarios y ningún aficionado se movió de su asiento, ni dejaron de cantar hasta que los jugadores no volvieron al terreno de juego para aplaudir ese esfuerzo de la grada, ese apoyo que sin duda les servirá para el partido del Camp Nou.

Hay algo diferente en la orilla del Manzanares, un sentimiento distinto a los demás que nos hace ponernos al nivel de los gigantes, con menos de la mitad de su presupuesto, y mirarlos a los ojos sin ningún miedo.


Lo he dicho muchas veces, pero lo que hoy he visto hace que sea más fuerte que nunca: ¡AUPA ATLETI!

sábado, 20 de febrero de 2016

Riquelme, el último "10" que el fútbol ha visto



Llevaba mucho tiempo queriendo escribir este reportaje sobre uno de los culpables de que hoy sea un enamorado del fútbol, hablo de Juan Román Riquelme, un mago con forma de futbolista y con el diez a la espalda.

En realidad, no tuve mucho tiempo para ver su fútbol, en directo por lo menos, ya que debutó como futbolista tan solo ocho días antes de que yo abriera los ojos por primera vez a unos 2970 kilómetros de distancia y con un buen charco de por medio.

Por desgracia, no suelo hacer mucho caso a mi padre, pero en este caso lo hice, hasta el punto de que a día de hoy es uno de mis jugadores favoritos, por no decir el primero. Mi padre solía decir “Como juega el cabrón de Riquelme” o cuando llegaba algún fichaje para el mediocentro del Atleti, también solía decir: “Ese no, al que nos tenemos que traer es a Riquelme”. Circunstancias que me hicieron fijarme en ese jugador por encima de todos y pegarme a la tele cada vez que jugaba su Barça o su Villarreal.

Posteriormente, actualmente me atrevería a decir, he revivido partidos que vi en aquella época, sumándole además algunos partidos con Boca Juniors o Argentina que no tuve la oportunidad de ver debido a mi corta edad y que os invito a rememorar, sin encontrar ningún jugador similar en la actualidad.

No tuvo oportunidad de triunfar en el Barcelona de Van Gaal, de hecho es una de las lacras que más le pesan a día de hoy para entrar en esos “Top” de la historia del fútbol. Algunos de esos partidos que me gusta ver repetidos una y otra vez son muchos, aquella semifinal de Champions League frente al Arsenal, con aquel fatídico penalti a escasos minutos del final; la final del mundial sub 20 que ganó junto a aquellos jóvenes que luego triunfarían en este mundo, como Aimar, Cambiasso o Leo Franco; pero sobre todo, aquella final de la intercontinental contra el Real Madrid de Figo y compañía, al cual derrotaron por dos a uno con uno de los mejores partidos del “10”, con aquella dupla formada con Palermo.

Me gustaría explicar el título, no quiero decir que no haya ningún número 10 mejor que él, pero yo entiendo el “10” como una posición dentro del campo, como mi padre me hizo entenderla, ese futbolista que juega entre líneas y que da el último pase, que lanza todos los balones parados y que siempre tiene un equipo jugando para él. En definitiva ésta es la definición de Riquelme, un “10”.

Después de aquel penalti, de dejar el Villarreal volvió a la que siempre fue su casa, por dos veces incluso, donde acabaría definitivamente su carrera de futbolista en 2014 como jugador de Boca Juniors, cambiando de equipo a Argentinos Juniors, equipo de segunda división argentina con el cual logró el ascenso y anunció su retirada en enero de 2015 dejando unas declaraciones en las que dejaba clara la fidelidad al club de su vida: “No puedo utilizar en la Primera División de Argentina una camiseta que no sea la de Boca Juniors”.


Hasta aquí llegó la trayectoria de un futbolista noble, al cual no le hacía falta ser rápido, porque la rapidez la tenía en su cabeza. Finalizó así la carrera de mi jugador favorito, el culpable de que a día de hoy yo sea un enamorado del fútbol.


martes, 17 de noviembre de 2015

2008, el comienzo de una gran historia

Corría la primavera de 2008, recién acabada una temporada en la que el Real Madrid había quedado campeón, con aquel famoso pasillo del Barça en el Bernabéu. Esta había sido una temporada de grandes traspasos, jugadores como Robben o Sneijder llegaron al Real Madrid, mientras que un ídolo en la ribera del Manzanares, como Fernando Torres, abandonaba el club de su vida para crecer como jugador.

Pero este verano no era un verano cualquiera, era año de Eurocopa, la Eurocopa de Austria y Viena. Tuvimos una clasificación difícil, después de meternos en la competición casi al final.

Después de muchos palos hacia Luis Aragonés por una convocatoria en la que Raúl se había quedado fuera, el grupo de seleccionados se concentraba en las Rozas a punto de embarcarse en el proyecto futbolístico más grande de la historia de España. Sorprendentemente la media de altura de aquel equipo era la más pequeña de todo el campeonato (1´79). Sin saberlo, aquellos denominados “locos bajitos” iban a cambiar la historia de un país.


El sorteo nos encuadró en el grupo 4 de esta competición, con Suecia, Rusia y Grecia como acompañantes.


Los internacionales llegaron a Innsbruck, la que iba a ser su residencia durante el transcurso de esta competición, donde fueron recibidos por unos niños austriacos cantando canciones en español.



Llegó el día del debut, el rival era la Rusia de Guus Hiddink con Andrey Arshavin y Pavlyuchenko como estrellas. Los nuestros no dieron ninguna opción a los rusos con un hat-trick del guaje en menos de una hora y un gol de Cesc en los últimos instantes del partido. España presentaba así su candidatura a llevarse la Eurocopa con un 4-1 y un juego de toque y posesiones largas en el primer partido.

El segundo partido fue ante Suecia, un equipo que traía a una superestrella como Zlatan Ibrahimović. Comenzaba el partido con un gol temprano de Fernando Torres, el cual empataba Suecia con un tanto de Ibrahimović un cuarto de hora más tarde. Un partido en el que no nos salía nada, ante una Suecia bien cerrada atrás, pero España no se dio por vencida y en el último minuto tuvo su recompensa. Un balón llovido tras un despeje de Capdevila cae en los pies de David Villa que tras dejar atrás a un defensa batió al guardameta sueco en el minuto 92. Y es aquí donde quiero dejar una frase que, desde mi punto de vista, define este partido,  “todos los buenos equipos pueden tener un mal día, pero solo los grandes son los que pueden sacarlo adelante”.

Afrontábamos el tercer partido contra Grecia ya clasificados, fue el momento de dar la oportunidad a los que menos jugaban. Aun así conseguimos una victoria por 1-2 con goles de Güiza y de la Red.

Llegaban las eliminatorias, Italia esperaba en cuartos de final. Después de un partido bastante feo y sin muchas ocasiones llegaba la tanda de penaltis, a algunos se les aparecían los fantasmas de ediciones anteriores, pero estaba un héroe (bastante infravalorado en la actualidad, por cierto) que se echó el equipo y el país a la espalda deteniendo dos penaltis y dejando la opción a Cesc para que anotara el gol decisivo. Fàbregas colocó el balón, toda España mantuvo la respiración en ese momento, cogió distancia y marcó a Buffon con un tiro raso pegado al palo. ¡¡Estábamos en semifinales!!





Semifinales, nos volvíamos a enfrentar a Rusia, pero no iba a ser el mismo partido que en la primera vuelta. Rusia venía crecida tras endosarle un 1-3 a una de las grandes favoritas como era Holanda.
Pero no nos lo podían quitar, esta era la nuestra. España dio otra exhibición, en mi opinión el mejor partido de España que recuerdo, no solo en la Eurocopa 2008. Conseguimos una victoria por 3-0 que nos daba la clasificación a la segunda final de nuestra historia, pero desgraciadamente, no todo fueron buenas noticias en aquella noche de Viena, David Villa se lesionó al lanzar una falta (min 35) y se perdería la final del torneo.

Llegó el día que tanto esperábamos, 29 de Junio de 2008, 20.45 y en plena noche de Viena, en un estadio llamado Ernst Happel. Los jugadores saltaron al campo después de la ya mítica charla de Don Luis Aragonés.
Un partido propio de una final, equipos tanteándose sin arriesgar mucho, hasta que en el minuto 33 un pase entre líneas de Xavi Hernández hacia “el Niño” dejó a Fernando Torres en un mano a mano con Lehmann, con Lahm de por medio, el delantero nunca desistió en una carrera que el lateral tenía ganada en todo momento, pero consiguió adelantarse a él en el momento justo para picar ese balón por encima del portero alemán cambiando el curso de la historia para todos los españoles.

España supo sostener el momento en el que dominó Alemania, todavía recuerdo a Puyol y Marchena peleándose con un Ballack desesperado, pero se acabó, se acabó el partido, se acabó la maldición de los cuartos, se acabó la racha de 44 años sin ganar ningún título y empezó una nueva era, una era dominada por los “locos bajitos”.


¡¡Éramos campeones de Europa!!













martes, 27 de octubre de 2015

Celta de Vigo, rozando el cielo desde el infierno.

Año 2003, mientras los medios estaban llenos de noticias con los dos grandes fichajes de ese mercado estival, como eran Ronaldinho y Beckham, para Barcelona y Real Madrid respectivamente, había un equipo del noroeste de España que iniciaba una de las temporadas más ilusionante de su historia, este equipo no era otro que el Real Club Celta de Vigo.

Después de una temporada muy buena del equipo gallego en el curso anterior, el Celta había conseguido una cuarta plaza muy peleada y muy sorprendente, ya que dejó a Valencia y a Barça sin puesto en la Uefa Champions League.

Pero esta cuarta plaza no te daba acceso directo a la fase de grupos directamente, sino que el Celta debía pasar la tercera ronda de fase de clasificación, el sorteo le deparó al Slavia de Praga.

Un equipo con Milosevic y Edu como estrellas y capitaneado por Mostovoi ganó sin problemas con un 3-0 en Balaidos; el Celta viajaba a la capital de la República Checa para disputar un partido que, a priori, era un trámite, pero que se acabó complicando con dos goles en la primera media hora de partido del conjunto checo, pero el equipo gallego supo sufrir y, pese a la expulsión de Mostovoi en el tramo final, consiguió aguantar el resultado llevándose un 3-2 en el global.

¡¡El Celta estaba en Champions!!, por primera vez en su historia iba a disputar la competición por excelencia del fútbol europeo, el sorteo le encuadró en un grupo con varios grandes de la historia de la Champions League, como Milán y Ajax, el otro componente del grupo era el Brujas.

El grupo se fue desarrollando de manera que el Celta de Vigo quedó en segunda posición, por detrás del todopoderoso Milán de Carlo Ancelotti, el cuál solo consiguió un punto más que el equipo gallego, y un habitual de la Champions como el Ajax quedó en el último lugar del grupo con tan solo seis puntos.

Pero me gustaría destacar un partido, que me sorprendió, pero no solo a mi sino a Europa; 9 de diciembre, San Siro, un equipo con grandes estrellas consagradas, como Kaka`, Seedorf o Rui Costa jugaba con un Celta mucho más débil económicamente; empezaba ganando el Milán con un golazo de Kaka` por la escuadra, empató antes del descanso Jesuli con un disparo desde larga distancia que batió a Abbiati y culminó la remontada José Ignacio con un gol desde una distancia muy cercana a la linea de gol, nada pudo hacer el portero italiano.


    



El Celta estaba en octavos, para este cruce el sorteo le asignó como rival al Arsenal de Thierry Henry,
este equipo fue el que sacó del sueño a un humilde equipo gallego que se había clasificado por primera vez para esta competición, ganando por 2-3 en Balaidos en la ida; para la vuelta pusieron mucha ilusión, confiando en la remontada, pero un doblete de uno de los mejores delanteros de la historia, como Thierry Henry, les bajó rápidamente de la nube.

No se acababan aquí las malas noticias para el Celta, ya que el haberse centrado tanto en el sueño de la Champions había descuidado un poco la competición doméstica, tanto que estaba en puestos de peligro, y tras una dinámica muy negativa, que propició a dimisión del que en ese momento era el entrenador, Radomir Antic, dejando el puesto a un técnico interino que nada pudo hacer para evitar el descenso.

Y sí, el fútbol es así, el Celta había convertido la que pudo ser la mejor temporada de su historia en uno de los capítulos más oscuros de la historia del fútbol, demostró lo delgada que es la linea entre el cielo y el infierno en el mundo del fútbol.



jueves, 22 de octubre de 2015

Villarreal, un penalti que pudo cambiar la historia.

¿Alguien se acuerda de este gran Villarreal?

Corría el año 2006, y había un equipo que vestía de amarillo, que jugaba en Castellón, con unos grandes jugadores que en ese momento no tenían tanto nombre, éstos eran Diego Forlán, Sorín, Marcos Senna, Arruabarrena, y uno de los jugadores que más me marcó de pequeño, éste no era otro que Juan Román Riquelme, un argentino nacido en San Fernando, mediapunta y con un guante en el pie.

Y para hablar de éste Villarreal es imposible no acordarse de aquella Champions League, que posteriormente ganó el Barça, en la que sorprendiendo a Europa se clasificaron como primeros con 10 puntos en un grupo en el que estaba el todopoderoso Manchester United, que también sorprendió a Europa pero por razones distintas, ya que quedó en la ultima posición del grupo D.

En las eliminatorias de este torneo superó al Glasgow Rangers en octavos con un 2-2 en Escocia y 1-1 en España y al Inter de Milán en cuartos de final con un 2-1 en la ciudad italiana y un 1-0 en la vuelta, para llegar al partido clave de esa temporada y uno de los mas importantes de la historia de este club.

En las semifinales esperaba el equipo de un jovencísimo Cesc Fàbregas que estaba plagado de estrellas como Thierry Henry o Dennis Bergkamp, un partido en Londres en el que el Villarreal sufrió mucho y que acabó perdiendo con un solitario gol de Touré y se llegó a El Madrigal en un partido con pocas ocasiones, pero en el minuto 88 cayó Jose Mari en el área arrollado por un defensor, el árbitro señaló penalti, y ahí llegó el momento clave.

Riquelme cogió el balón para tirar ese penalti, era la estrella del equipo y un gran lanzador a balón parado, de hecho había anotado todos los penaltis lanzados hasta ese momento en la temporada, puso el balón en la marca de cal del área, cogió distancia, en ese momento no se escuchaba absolutamente nada en todo el estadio.

Lanzó ese penalti hacía la derecha, lo detuvo Lehmann, en aquel momento todos quisimos empujar ese balón rechazado por el portero alemán del Arsenal, todos vimos como Riquelme se quedó inmovilizado en el área en los momentos posteriores a esa pena máxima, pero el fútbol a veces tiene estos momentos de sabor amargo que quedan para la historia.