Llevaba
mucho tiempo queriendo escribir este reportaje sobre uno de los culpables de
que hoy sea un enamorado del fútbol, hablo de Juan Román Riquelme, un mago con
forma de futbolista y con el diez a la espalda.
En
realidad, no tuve mucho tiempo para ver su fútbol, en directo por lo menos, ya
que debutó como futbolista tan solo ocho días antes de que yo abriera los ojos
por primera vez a unos 2970 kilómetros de distancia y con un buen charco de por
medio.
Por
desgracia, no suelo hacer mucho caso a mi padre, pero en este caso lo hice,
hasta el punto de que a día de hoy es uno de mis jugadores favoritos, por no
decir el primero. Mi padre solía decir “Como juega el cabrón de Riquelme” o
cuando llegaba algún fichaje para el mediocentro del Atleti, también solía
decir: “Ese no, al que nos tenemos que traer es a Riquelme”. Circunstancias que
me hicieron fijarme en ese jugador por encima de todos y pegarme a la tele cada
vez que jugaba su Barça o su Villarreal.
Posteriormente,
actualmente me atrevería a decir, he revivido partidos que vi en aquella época,
sumándole además algunos partidos con Boca Juniors o Argentina que no tuve la
oportunidad de ver debido a mi corta edad y que os invito a rememorar, sin
encontrar ningún jugador similar en la actualidad.
No
tuvo oportunidad de triunfar en el Barcelona de Van Gaal, de hecho es una de
las lacras que más le pesan a día de hoy para entrar en esos “Top” de la
historia del fútbol. Algunos de esos partidos que me gusta ver repetidos una y
otra vez son muchos, aquella semifinal de Champions League frente al Arsenal,
con aquel fatídico penalti a escasos minutos del final; la final del mundial
sub 20 que ganó junto a aquellos jóvenes que luego triunfarían en este mundo,
como Aimar, Cambiasso o Leo Franco; pero sobre todo, aquella final de la
intercontinental contra el Real Madrid de Figo y compañía, al cual derrotaron por
dos a uno con uno de los mejores partidos del “10”, con aquella dupla formada con Palermo.
Me
gustaría explicar el título, no quiero decir que no haya ningún número 10 mejor
que él, pero yo entiendo el “10” como una posición dentro del campo, como mi
padre me hizo entenderla, ese futbolista que juega entre líneas y que da el
último pase, que lanza todos los balones parados y que siempre tiene un equipo
jugando para él. En definitiva ésta es la definición de Riquelme, un “10”.
Después
de aquel penalti, de dejar el Villarreal volvió a la que siempre fue su casa, por dos veces
incluso, donde acabaría definitivamente su carrera de futbolista en 2014 como
jugador de Boca Juniors, cambiando de equipo a Argentinos Juniors, equipo de
segunda división argentina con el cual logró el ascenso y anunció su retirada
en enero de 2015 dejando unas declaraciones en las que dejaba clara la fidelidad al club de su vida: “No puedo utilizar en la Primera División de
Argentina una camiseta que no sea la de Boca Juniors”.
Hasta
aquí llegó la trayectoria de un futbolista noble, al cual no le hacía falta ser
rápido, porque la rapidez la tenía en su cabeza. Finalizó así la carrera de mi
jugador favorito, el culpable de que a día de hoy yo sea un enamorado del fútbol.

